¿Qué mierda les pasaba a estos tipos? ¿Cuál era el punto de todo eso? ¿No podían salir a trabajar como la gente normal??
Irel miró hacia otro lado en cuando el peleador deyani comenzó a patearle la cabeza a su contrincante caído en el suelo. ¿¡Porqué no se rinde de una vez?! No, es cierto, el ganador se llevaba al menos 5 mil créditos en una noche. Pero si no ganabas… Terminabas con la cara rota, un ojo menos, un riñón colapsado, costillas rotas. Deberían trabajar y dejarse de estupideces… Aunque si lo hicieran yo no tendría trabajo.
-¿Ya pasó?–preguntó a Jayal, que estaba de pie a su lado.
-Sí. Ceyaotl está inconciente –. Dijo alejándose, mientras ella regresaba la vista hacia el ring.
Jayal se acercó hacia el hombre caído y lo arrastró hacia los vestuarios, mientras Gerk alzaba el brazo del victorioso Reiyel, que con orgullo miraba a la multitud que lo ovacionaba.
Irel se apresuró a programar el nombre en el diagrama digital… Tan solo quedaban tres peleas, esperaba sinceramente que no duraran demasiado. Después de todos esos años, debería haberse acostumbrado, pero nunca lo hacía.
En los vestuarios, un pequeño grupo de gente se reunió alrededor del inconciente Ceyaotl, una mujer joven lloraba acercando a él una mano con gesto tembloroso.
-Yo le dije que no tenía que hacerlo –Decía uno.
-Anda, llevémoslo fuera. –Dijo otro, al tiempo que lo alzaba por las axilas. Jayal les abrió la puerta de salida.
Reiyel entró de nuevo al vestuario sonriendo. Algunos de los compañeros que lo acompañaban le dieron palmadas en la espalda, lo felicitaron mientras le acercaban una botella de agua. Sabía que tenía buenas posibilidades de ganar los 5 mil créditos esa noche.
-¡Noo! Muy bueno ese gancho que le pegaste! –Decían, imitando el gesto.
-Bajó la guardia después de eso, ya estaba cansado, se notaba –Contestó el otro, que parecía ser el hermano de Raiyel, eran demasiado parecidos.
El deyani rió con ellos, conversando, regodeándose en su ego.
-¿Pero ese codazo te lo pegó o no?
-Sí, pero no fue nada... -Dijo, dejando de lado que la mandíbula le latía de dolor.
Alzó la vista mientras los demás seguían conversando y se encontró con los ojos del mestizo, mirándolo desde la otra punta del vestuario. Parecía no respirar, no movía ni un solo músculo, ni tan siquiera pestañeaba… Un escalofrío le recorrió la espalda, pero se envalentonó. Comenzó a caminar hacia él.
Ambos se acercaron uno al otro.
-Así que la próxima pelea es contigo, pavo de cuarta.
-Eso parece… -Dijo tirando el cigarrillo al suelo y aplastádolo con el pie.
-Más vale que estés listo, porque vas a cobrar… vas a cobrar como el peor –Reiyel hizo sonar los nudillos.- No la vas a tener tan fácil como con el grandulón de Barrat…
-¿Te creés muy duro, no? –preguntó él, mirándolo a los ojos y echándole en la cara el humo de la última pitada. – No eres nada, Reiyel… Solamente un deyani decadente y patético, que se la tiene que pasar midiendo su pija con la de los demás para sentirse bien consigo mismo. Eso es lo que eres.
Reiyel lo empujó hacia atrás con fuerza.
-No te hagas el vivo rubio… Porque te voy a romper la cara ahora mismo…
El chico retrocedió y una risa perturbadoramente sonora invadió el espacio del vestuario.
-¿Tú? ¿Romperme la cara? –Volvió a reír como si fuese algo realmente gracioso-. He peleado con hombres de verdad, así que esto será pan comido…
Reiyel con un gemido de furia se avalanzó hacia él, pero Qaucoátl lo esquivó simplemente caminando hacia un costado. Ninguno de los demás osó entrometerse. Pero el deyani echaba fuego por los ojos…
El mestizo comenzó a caminar hacia el ring sin dejar de mirarlo, con una sonrisa irónica dibujada en el rostro.
-¿Vienes o… Eres demasiado niña para eso?
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