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Fuera de Control (V)

por Vuelo Nocturno

por Gaiane Turian (10/09/2011)

Jayal observó como el deyani había entrado de lleno en la provocación del rubio. Eso te va a costar el torneo... Qauhcoátl entraba de espaldas al público, los contrincantes se miraban con una intensidad magnética. Reiyel echaba fuego por los ojos.

Bueno, al parecer nuestros contrincantes ya han empezado su propia pelea en los vestuarios, pero ahora los vemos aquí en el ring, dispuestos a comenzar la lucha! Dos muy buenos peleadores, como lo hemos podido comprobar, momentos antes. Esto promete ser un muy buen espectáculo.

La voz del comentarista inundó la sala, pero casi nadie le prestaba real atención.

Reiyel ya había entrado en acción, se avalanzaba sobre Qaucoátl tirando golpes desde todos los ángulos posibles, pero el chico era mas rápido que una serpiente, parecía revolotear alrededor del deyani. De este modo pasaron unos cuantos minutos.

Deyani imbécil, te está cansando... Jayal miró hacia otro lado, nervioso. Pero cuando volvió la vista algo curioso sucedió. El rubio se quedó quieto y amagó con una guardia mal puesta, recibió un golpe de lleno en la mejilla izquierda, se le dio vuelta la cara y retrocedió unos pasos. Reiyel sonrió complacido. Cuando se detuvo más atrás, el rubio se pasó la mano por la cara limpiándose la sangre de la nariz y la observó con curiosidad. Luego, sonriendo, buscó la mirada del deyani, quién comenzó a avanzar de nuevo, envalentonado.

Pero había algo extraño en esa pelea...

Oh, sí... Le había acertado al fin un golpe. Todo iba bien, tenía posibilidades de ganar. No podía esquivar para siempre. Esos 5 mil créditos le permitirían vivir tranquilo por al menos tres meses. Reiyel observó al rubio con una sonrisa de satisfacción. Te voy a partir en mil pedazos, pedazo de mierda xhuiteca.

Bien... —. Le dijo el rubio, cuando alzó la mirada de su mano ensangrentada.— Gracias...

¿Qué carajo le pasaba a este tipo? ¿”Gracias”? ¿Qué mierda quería decirle con ese “gracias”? ¿Lo estaba gastando o qué??

Jayal vió como el deyani se acercaba nuevamente a Qauhcoátl, quién le decía algo como si hablara con el vecino. De pronto el guardia tuvo el impulso de ir a rescatarlo, de detener la pelea, pero era imposible. Se cruzó de brazos, nervioso, con la mirada clavada en el ring ya manchado de sangre.

Qauhcoátl fingió no poder bloquear una serie de golpes de Reiyel. Le entró uno en el área de los riñones y otro en la clavícula que debería haberlo doblado de dolor. Sin embargo seguía peleando inmutable, salvo por una sonrisa que permanecía en sus labios casi todo el tiempo.

Le estaba dando esperanzas al deyani. Le estaba haciendo pensar que ganaría la pelea, pero Jayal se figuraba en su cabeza el final. El rubio estaba disfrutando, estaba disfrutando cada golpe que recibía. Se estaba dejando a propósito. En todas las peleas anteriores había ganado al primer golpe que entraba, tal vez era una forma de hacer que la pelea durara más... Pero algo dentro de él le dijo que era pura crueldad.

El primer golpe que el mestizo entró fue un rodillazo a las costillas, que había tenido como resultado una mueca de dolor tan intensa en el deyani, que Jayal asumió que le había quebrado una o dos costillas. A partir de ese momento, la mirada del verde se crispó de una tensión típica de quién sentía dolor en cada movimiento.

El deyani comenzaba a buscar como entrar con diferentes golpes, hasta ahora no le venía resultando muy difícil, no entendía porqué el culhuani había perdido tan mal. Sin embargo los golpes que había recibido le estaban haciendo difícil seguir con la pelea. Ahora cada paso que daba le producía una oleada de dolor.

Tiró un gancho de izquierda, pero su contrincante lo apartó con un brazo y en el mismo movimiento de ida, el rubio le metió un codazo en la sien y en el ojo derechos.

Reiyel se detuvo un momento a respirar, el tiempo parecía ir más lento ahora, le estaba costando respirar. ¿Qué estaba pasando? ¿No iban bien las cosas acaso? Se mareó y alzó la vista para encontrarse unos metros ante él, esa figura de piel dorada que lo miraba intensamente, con los brazos caídos a los lados del cuerpo. Se le movía el piso.

No, esto no puede ser... No... ¡Tengo que poder!

Jerxen observó el juego del mestizo con atención e intriga. Estaba jugando con el deyani, lo veía clarísimo. Le estaba haciendo creer que tenía el control de la pelea, para que la derrota cayera sobre él como un inesperado balde de agua fría. Le había pegado golpes que eran más dolorosos que dañinos... Lo estaba haciendo sufrir.

La dulce transición de la vida a la muerte... El hombre tomó en sus manos la mariposa de obsidiana y cerrando los ojos, pronunció una oración.

Por la vida transcurrimos
A la muerte vamos.
Ayúdanos a pasar, Oh! Toci
Por el puente del dolor
Hasta tu oscura cueva,
Hasta tus fríos recintos bajo la tierra.
Toma este cuerpo maltrecho
Que te ofrezco esta noche,
Déjalo ciego, sordo y mudo
Para que renazca
En el silencio del otro mundo

Reiyel inspiró profundamente y se sacudió, abrió los ojos como huevos intentando volver en sí, retomar el dominio de su cuerpo. Se dio cuenta de que Gerk estaba entre él y Qauhcoátl y le hablaba.

¿Estás bien, chico? ¿Puedes seguir?
Sí, sí. ¡Sigo!—dijo y por pura voluntad pudo enfocar la vista en el árbitro y su visión se volvió más nítida.

Se puso en guardia nuevamente, pero ahora ya no estaba tan animado como antes.


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