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Fuera de Control (VI)

por Gaiane Turian (29/10/2011)

Ambos contrincantes se acercaron nuevamente uno al otro. Algunos golpes comenzaban a ir y venir, pero el deyani prácticamente no veía de un ojo y se tambaleaba un poco. Qaucoátl le pegó con saña sobre las costillas, una y otra, y otra vez. Estaban entrelazados en la pelea cuando Reiyel de pronto vio que el rubio había adelantado una pierna y se creyó astuto cuando improvisó una patada, cuando tan solo venía utilizando puños. Pero la rodilla del rubio pronto desapareció del sitio dónde él esperaba golpear...

No, no, no... —dijo Jayal en voz alta, cuando vio la maniobra del deyani. El rubio lo había estado esperando, se había mantenido a una distancia demasiado corta para poder dar una patada, pero sin embargo, era tan ágil que en un instante impensablemente rápido se giró, quitando del lugar su pierna y, en cambio, devolviéndole el golpe en espejo a su contrincante. El hombre se llevó una mano a la cara, mirando entre los dedos, cuando vio la rodilla del deyani quebrarse en un ángulo completamente antinatural. —¡Sssss!

Desde el público sonó un gemido unánime de dolor, acompañado por el grito agónico de Reiyel, que caía al suelo. Gerk rápidamente se acercó y apartó a Qaucoátl de allí.

Chico... Chico... Escúchame —Le decía el árbitro al deyani—. Di que te rindes y terminamos aquí la pelea, ya estás, cálmate. Te enviaremos a emergencias...

¡NO! ¡NOOO! —gritaba agarrándose la rodilla.

¡Ríndete, idiota! —Dijo golpeando el suelo con el puño. Reiyel logró incorporarse en el suelo con quejidos y gestos de dolor, agarrándose la pierna retorcida.

Un deyani... ¡Nunca abandona una pelea!

Gerk miró por sobre su hombro y notó que el rubio se habia alejado, apoyado de brazos cruzados contra una pared. Volvió a mirar a Reiyel.

Escucha, pendejo estúpido. Este hijo de puta no tendrá piedad contigo. Acepta que es mejor que tú y deja de arruinarte la vida. Ya te costará meses conseguir un implante para esa rodilla. No seas imbécil, por todos los dioses...

No me digas estúpido, viejo idiota —El deyani lo miró con el semblante de un ocelote a punto de saltar sobre su presa.

Reiyel... Morirás aquí si sigues con esta idiotez. —Lo miró a los ojos. Gerk conocía a Reiyel desde hacía mucho timepo. Había sido amigo de su padre, un comerciante ilegal que ahora pasaba sus días en prisión por haber sido acusado de maltrato familiar. Se había compadecido de su familia y los había ayudado a dar con un abogado decente que pusiera al tipo entre rejas. Luego de eso, intentó enderezar al chico, pero fue imposible. Dejaba todos los trabajos, ni bien tenía un poco de dinero se lo gastaba en alcohol y putas, para luego volver a su casa y repetir la misma violencia con su novia. Una familia de enfermos... Pero no había nada que él pudiera hacer. En el fondo era un buen chico, pero estaba demasiado confundido. Nunca había podido ver las cosas con claridad.

Todo siempre estuvo manchado de sangre para tí, Reiyel. Pensaba, mientras se ponía de pie ante él, lentamente. Sintió unos pasos detrás de él.

No se rendirá —. Dijo Gerk.

Ya lo sé—. La fría voz del mestizo le llegó de pronto y lo miró por sobre su hombro.

Gerk tuvo un escalofrío en la espalda. Se alejó en silencio y se encogió de hombros negando con la cabeza ante la mirada interrogativa e indignada de Jayal, desde la otra punta de la estancia.

Dime... Reiyel. ¿Cómo quieres terminar esta velada? ¿Vivo? ¿Muerto? ¿Inconciente?

Maldita mugre xhuiteca... ¡Debieron matar a tu madre por puta sabiendo que llevaba dentro semejante carroña! —Le espetó aún sentado, pero intentando ponerse de pie. No llegó a incorporarse cuando una patada de punta le dio en pleno maxilar tumbándolo otra vez el suelo.

Tú deja a mis padres fuera de esto...

Reiyel observó el charco de sangre que salía de su boca, incapaz de concentrarse en otra cosa que no fuese el dolor. ¿Qué pasaría ahora? Estaba realmente acabado. Un cuilontine lo había molido a palos... Nunca iba a reponerse de esta. Ahora se daba cuenta de que nunca había tenido el control. Ese sangresucia había hecho con él lo que quiso, desde el principio...

Mierda...

Jerxen observó todo aquello desde su palco. Acaba con él... El mestizo estaba de pie ante su caído contrincante, esperando.

(Continuará)


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